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Putos ciclistas

Me decía un mensajero en moto esta tarde: ¡Putos ciclistas!, que van por donde quieren, no llevan seguro y no pagan impuestos. ¡Putos ciclistas!

Todo esto después de que yo fuera por un carril de giro a la derecha y me cambiara legalmente al carril izquierdo para seguir recto, a su altura, sin interrumpir la circulación.

Ves, en lo de no pagar impuestos, le doy la razón. No necesito comprar gasolina. Pero me ha llegado al alma (si la tuviera o tuviese) lo de “ir por donde quieren”. Que me diga eso uno que es del club de los de “voy por donde me viene en gana”.

Aviso de la ironía: ni todos los ciclistas son putos, ni mucho menos los mensakas se pasan las normas por el sillín.

Nota: a pesar de este artículo exprés, el blog sigue parado. Pero era demasiado largo para poner en Twitter.


El coche no es el primero

En Zaragoza (Aragón), se pretende cambiar una máxima de años. El coche consciente e inconscientemente ocupa la cima de la pirámide de la movilidad.

Se está instalando la primera línea del nuevo tranvía –en su tiempo, hubo y se eliminó–. Se ha apostado fuerte por la preferencia peatonal, por los desplazamientos en bicicleta y por el transporte público colectivo.

Pero hay algo muy arraigado en el acerbo social: la PREFERENCIA DEL COCHE frente al resto. Somos permisivos con el que va más rápido de lo establecido; toleramos que se apure al cruzar los semáforos que acaban de ponerse en rojo; paramos ante un paso de peatones si un vehículo se aproxima a él, cuando aún tiene tiempo para detenerse y ceder el paso; ocupamos el espacio público para el uso privado de estacionar un coche –los aparcamientos de barrio son un espejismo que casi nadie recuerda–.

Hace unos días ha llegado un chico nuevo a las calles, el tranvía. Y con él no hay estatus que valga. Una persona que no respeta la señalización en la ruta del tranvía, corre un alto riesgo de provocar un accidente.

Hasta ahora, a los demás les daba tiempo de frenar para evitar el golpe en muchas ocasiones; los peatones no se la jugaban en un paso de cebra ante un motor rugiendo cerca; las bicicletas, decían, las llevaban cuatro greñas come flores –hoy son de uso generalizado–.

No son buenos tiempos para muchos. Y la dependencia del automóvil es algo que se me hace difícil de solucionar. A mi entender, depende de un cambio de modelo social y económico que se me escapa y pocos le meten mano.


Ir en bicicleta por el centro del carril, ¿o por la derecha?

Hace algunos años, el reglamento de circulación para bicicletas especificaba que debían colocarse en el lado derecho de la calzada, lo más cercano posible a la acera, o en el arcén si lo hubiera.

Ahora, normativas como la de Zaragoza, han modificado la ubicación de los ciclistas por los carriles de las calles. Está permitido ocupar el centro del carril. Además se puede ir por el más conveniente, según la dirección a seguir.

¿Porqué ha cambiado esta concepción del tráfico ciclista? Posibles respuestas:

a) Por molestar más a los vehículos a motor, dificultando el adelantamiento de un vehículo lento como la bicicleta.

b) Por la propia evolución del tráfico y la experiencia de los ciclistas urbanos.

c) Los vehículos a motor van cada día más rápido. Hay que pacificar el tráfico, hacerlo más lento, para que sea más seguro.

Pensemos un momento cual sería nuestra respuesta y si coincide con alguna de las tres expuestas.

¿Ya tenéis la vuestra? De las tres, me quedo con la B.


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