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¡Pringao! (en bici)

Esta mañana subía una avenida de Zaragoza, por un vía ciclista de doble sentido. Entre la cuesta y el rato que llevaba en bici, iba sudando y no muy rápido.

A mi derecha, por un carril de la calzada, en sentido contrario al mío, pasa un tipo en una bici de montaña y su mochila a la espalda. Al pasar a toda velocidad a mi lado, me suelta: “¡Pringao!”.

Mientras sigo pedaleando me pongo pensar… “¿Pringao? Salvo que él iba a toda velocidad cuesta abajo, por lo demás, creo que le saco ventaja. Llevo rueda estrecha de carretera que es más ligera de mover que las anchas de tacos de su bici. Mi mochila va en la cesta de atrás y mi espalda va libre de peso…  ¡Má! a ver si es por que él iba por la calzada general de doble carril, con coches a más de 50km/h y yo no, porque paso de ir a toda leche entre coches teniendo un sitio más tranquilo para circular y con apenas cruces peligrosos por ser un barrio moderno en las afueras de la ciudad…”

En ese momento lo he visto claro. Tenía razón el tipo. Soy un pringao que tiene que ir en bici a currar (y que dure) para poder vivir. En cambio, él tiene la vida resuelta, no tiene que trabajar para vivir y se iba al gimnasio a pasar la mañana en su bici molona.

Reflexión final: “La de cosas que me da tiempo a pensar cuando voy en bicicleta”


Putos ciclistas

Me decía un mensajero en moto esta tarde: ¡Putos ciclistas!, que van por donde quieren, no llevan seguro y no pagan impuestos. ¡Putos ciclistas!

Todo esto después de que yo fuera por un carril de giro a la derecha y me cambiara legalmente al carril izquierdo para seguir recto, a su altura, sin interrumpir la circulación.

Ves, en lo de no pagar impuestos, le doy la razón. No necesito comprar gasolina. Pero me ha llegado al alma (si la tuviera o tuviese) lo de “ir por donde quieren”. Que me diga eso uno que es del club de los de “voy por donde me viene en gana”.

Aviso de la ironía: ni todos los ciclistas son putos, ni mucho menos los mensakas se pasan las normas por el sillín.

Nota: a pesar de este artículo exprés, el blog sigue parado. Pero era demasiado largo para poner en Twitter.


Asumir riesgos propios o ajenos

Los que solemos desplazarnos en bicicleta, solemos decir que nuestro cuerpo es nuestra carrocería. Rondando los 30 años empecé a tener un cierto respeto por cuidar de él.

El golpe

El trompazo que me dí pudo ser muy duro. Tuve suerte de caer en una pista de tierra bien arreglada y no tener cerca un árbol o piedra con el que chocar. Lo peor sólo fue un fuerte latigazo en la espalda al impactar con el suelo.

Era una bajada rápida, calculo que iba a más de 40 km/h –diría que 50–. La rueda delantera iba pinchada y yo tuve la feliz idea de soltar una mano para colocar el guardabarros que iba rozando con la cubierta justo en el momento del coger un bache. La combinación fue perfecta para perder el control. La dirección se cruzó y salí por encima del manillar al tiempo que giraba sobre mí mismo, y la bici conmigo. En ese momento aceptaba que me la iba a pegar y traté de amortiguar el golpe como pude.

Después de golpearme las rodillas con el manillar, llegué con las manos al suelo quemándome las palmas con la tierra. Terminamos aterrizando de espaldas –la bici con la parrilla y la rueda trasera–.

Ya en el suelo, recuerdo que me chequeé y pensé: “¡Qué suerte!, no me he golpeado la cabeza”. La espalda me ardía de tal manera que no sentía dolor ni en las rodillas ni en las manos que se llevaron las heridas más fuertes. Respiraba con dolor pero no parecía que tuviera nada roto. Cuando me levanté llegó un compañero que me señaló el casco totalmente rajado por detrás. Por eso no había sentido el golpe en la cabeza. Las heridas de manos y rodillas tardaron un par de semanas en cicatrizar; la espalda y costillas un par de meses en recuperar la movilidad sin muchos dolores. Desde entonces ya no duermo muy bien sobre el suelo.

casco rajadoAsumir riesgos ajenos

Ahora suelo asumir mis propios riesgos y tengo un límite que intento no sobrepasar. Y desde luego no lo hago por buscar emoción. No sé si será la edad, las vivencias o ambas. En cuento a los ajenos, no los equiparo a los propios, para mí son inasumibles. Lamento las veces en las que he puesto en riesgo a alguien, y cuando lo he hecho, tengo claro que no ha sido mi intención, al menos, consciente. Sigo trabajando para que no vuelva a ocurrir, aunque sé que no se puede decir un “nunca más”.

El problema viene cuando hay personas que sintiéndose protegidos por la chapa de sus vehículos, se exponen y nos exponen, a situaciones, circulando, en las que la piel de los demás se equipara a la chapa. Situaciones que no tengo claro que aceptaran, circulando en bici. Al menos esa es mi sensación cuando pasan a escasos centímetros de mí.

En la última, cuando llegué al semáforo detrás de él y le dije que no puede pasar tan cerca y jugar con mi vida, me contestó pausadamente: “Tranquilo, tenía todo controlado…”. Me dejó sin palabras, me adelanté a su vehículo y levanté la mano, negando con la cabeza, en señal de impotencia.

Editado: Todo esto se puede extrapolar a cualquier situación de la vida. Y no veáis como me indigna pensar en los políticos y los riesgos que corren “por nosotros”.


Me siento más seguro en el centro del carril

Hace algunos años nuestras calles eran más tranquilas y el espacio urbano era un sitio para las personas. La calle estaba llena de abuelos, familias, niños jugando y los conductores lo respetaban. Todo evoluciona.

Ahora la calle está controlada por los que vamos en coche. Reclamamos más fluidez, más aparcamientos, más carriles, más vías rápidas, más. Los niños encuentran muchas dificultades para jugar en la calle. Los ancianos, las familias, nos hemos refugiado en los parques.

Desplazarse en bicicleta pegado a la derecha era seguro. El tráfico rodado no tenía la intensidad, la ansiedad y el estrés de este momento.

Una amplia mayoría de personas tiene precaución al adelantar a un ciclista. En mi rutina diaria desplazándome en bicicleta diría que sólo una de cada cien no guardan las distancias e incluso algunas, te increpan, pitan o acosan con su vehículo. Muy pocos, pero suficientes para que haya riesgo de accidente.

El año pasado fui testigo de uno, sin víctimas. Aunque no hubo ciclistas implicados, me sirve para ilustrar esta idea.

En una avenida de 2 carriles por sentido estaba una  moto parada, pegada al bordillo de la acera. Era de noche. Había mucho tráfico. Los vehículos que iban por el carril de la derecha se separaban de la moto invadiendo un poco el carril contrario. Venían los dos carriles llenos, los coches rápidos y muy seguidos. El primer coche pasó justo, el segundo también, pero el tercero se llevó puesta la moto. Esta, salió volando y calló en la acera con la suerte de que no tocó a nadie. La  “maravillosa”(ironía) persona que llevaba ese coche ni frenó. Siguió a toda velocidad y huyó del siniestro.

Hubiera sido más grave si el motorista hubiera estado en la moto o hubiera sido un ciclista circulando al lado del bordillo. Ojala que encontraran a esa “maravillosa” persona.

Por el centro del carril llevo en la nuca, de vez en cuando, algún conductor cabreado. Pero no tengo el riesgo de que venga alguien y no me vea porque el que iba delante ha pasado pegado a mí y no ha necesitado salir del carril para sobrepasarme. De esta forma, me sigue un coche o, al adelantarme, debe cambiar de carril de manera que me hace muy visible al resto de vehículos.

Todo esto es mi sensación, y las sensaciones tienen mucho de subjetivo. Os agradezco que dejéis vuestra opinión y poder entablar un diálogo sobre el tema.

Artículo relacionado: Ir en bicicleta por el centro del carril, ¿o por la derecha?


Ir en bicicleta por el centro del carril, ¿o por la derecha?

Hace algunos años, el reglamento de circulación para bicicletas especificaba que debían colocarse en el lado derecho de la calzada, lo más cercano posible a la acera, o en el arcén si lo hubiera.

Ahora, normativas como la de Zaragoza, han modificado la ubicación de los ciclistas por los carriles de las calles. Está permitido ocupar el centro del carril. Además se puede ir por el más conveniente, según la dirección a seguir.

¿Porqué ha cambiado esta concepción del tráfico ciclista? Posibles respuestas:

a) Por molestar más a los vehículos a motor, dificultando el adelantamiento de un vehículo lento como la bicicleta.

b) Por la propia evolución del tráfico y la experiencia de los ciclistas urbanos.

c) Los vehículos a motor van cada día más rápido. Hay que pacificar el tráfico, hacerlo más lento, para que sea más seguro.

Pensemos un momento cual sería nuestra respuesta y si coincide con alguna de las tres expuestas.

¿Ya tenéis la vuestra? De las tres, me quedo con la B.


¡Entonces, para qué queremos el carril bici!

Avenida de 3 carriles en cada sentido. Un carril-bici bidireccional en un lado.

Voy circulando, en bicicleta, por el carril derecho de la calzada en el sentido contrario al que está el carril-bici. A unos 100 metros el carril-bici desaparece. No voy a cruzar para ir por él, para tener que volver a cruzar un poco más adelante. En Zaragoza, las bicicletas pueden circular por la calzada, siempre que circulen correctamente y a velocidad adecuada.

Una señora mira a ambos lados para cruzar y ni ve vehículos a motor, ni a mí. Se pone a cruzar.

Cuando está en mitad del primer carril de la calzada, se sorprende al verme llegar.

Miro atrás, veo que no viene nadie y cambio de carril para evitarla.

Ella levanta los brazos y grita: “¡Entonces, para qué queremos el carril bici!”


¿Para qué sirve la cuenta atrás en los semáforos de peatones?

Fueron pensados para ayudar a las personas que van a cruzar un paso de peatones. Informan del tiempo que les queda para cambiar a rojo y a verde.

Pero también sirven para otro uso que ha ido proliferando en Zaragoza. Cuando faltan pocos segundos para ponerse verde para los peatones y no se ve coche cerca, algunos se animan a cruzar como si estuviera verde. Cruzan sin mirar mucho más, pues se fían de su oído. Dicen: “No oigo motor, no hay peligro”. ¿Y las bicis?

Ya me ha ocurrido varias veces. Circulando en bicicleta, por alguna avenida, voy llegando a un semáforo al que le faltan pocos segundos para cambiar a rojo. Una persona mira hacia donde yo vengo, mira la cuenta atrás del semáforo y se pone a cruzar decidida, ignorándome. Y tengo que frenar teniendo mi semáforo todavía en verde.

Estoy pensando en 2 posibles soluciones. La primera, tener paciencia y esperar que la fuerza de la costumbre consiga que todos seamos conscientes de lo que estamos haciendo, y que, no sólo hay peatones y vehículos a motor ruidoso circulando por la calle. Quizás habrá que esperar a los coches eléctricos.

La segunda es más rápida. Quitar la cuenta atrás para saber cuándo se va a poner verde y solo dejar el tiempo que queda para cruzar en verde. Perdemos la mitad de la información y seguramente que alguien le encontraría otros usos.

Las soluciones creo que siempre tendrían que pasar por conseguir que hiciéramos buen uso de estos semáforos y pensar en los demás que también van por la calle. Si las personas que empiezan a cruzar antes de tiempo, respetan la preferencia del que viene en verde, conseguimos convivencia vial.


Parado con la bici detrás de un bus

Parado con la bici detrás de un bus urbano justo en medio de un semáforo. Los peatones inquietos por cruzar.

Veo que ya no viene ningún vehículo por detrás y me pongo en movimiento. Peatones inquietos ven lo mismo y salen de la acera a cruzar “en rojo”.

Le digo a una señora que cuide que estoy pasando y pide disculpas.

Un peatón que venía del otro lado “en rojo” me empieza a recriminar no se el qué. Le digo que aún lo tengo verde. En ese momento se le unen varias personas más que estaban cruzando en rojo, hasta la señora que tan educadamente me había pedido disculpas.


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