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¡Pringao! (en bici)

Esta mañana subía una avenida de Zaragoza, por un vía ciclista de doble sentido. Entre la cuesta y el rato que llevaba en bici, iba sudando y no muy rápido.

A mi derecha, por un carril de la calzada, en sentido contrario al mío, pasa un tipo en una bici de montaña y su mochila a la espalda. Al pasar a toda velocidad a mi lado, me suelta: “¡Pringao!”.

Mientras sigo pedaleando me pongo pensar… “¿Pringao? Salvo que él iba a toda velocidad cuesta abajo, por lo demás, creo que le saco ventaja. Llevo rueda estrecha de carretera que es más ligera de mover que las anchas de tacos de su bici. Mi mochila va en la cesta de atrás y mi espalda va libre de peso…  ¡Má! a ver si es por que él iba por la calzada general de doble carril, con coches a más de 50km/h y yo no, porque paso de ir a toda leche entre coches teniendo un sitio más tranquilo para circular y con apenas cruces peligrosos por ser un barrio moderno en las afueras de la ciudad…”

En ese momento lo he visto claro. Tenía razón el tipo. Soy un pringao que tiene que ir en bici a currar (y que dure) para poder vivir. En cambio, él tiene la vida resuelta, no tiene que trabajar para vivir y se iba al gimnasio a pasar la mañana en su bici molona.

Reflexión final: “La de cosas que me da tiempo a pensar cuando voy en bicicleta”

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Cambiar de bici para vivir más despacio

Estos últimos días estoy pensando en cambiar de bicicleta para mis desplazamientos por ciudad.
bici verde al Sol
Ahora llevo la Orbea Bakio –la bici verde maczana–. Tiene 3 marchas y un buen freno contrapedal que me permite ir al ritmo de los coches y subir las cuestas cómodamente.

Con ella suelo salir con el tiempo justo, pues me lleva rapidico de un sitio a otro. Esto me ha costado alguna que otra sobrecarga muscular. Son como un aviso: “¡Mañooo!, hay que tomarse la vida con más calma.”

Hace unas semanas terminé de equipar la Flying Pigeon con un freno contrapedal. Los frenos originales de varilla no son muy eficientes para el tráfico de ciudad. Sólo lleva un piñón y la posición de pedaleo es erguida como una bicicleta de paseo. Para subir las cuestas hay que levantarse del sillín y cuando se trata de velocidad, no desarrolla mucha.
Flying Pigeon 2011
Las características de la Flying hacen que tenga que salir antes para llegar a tiempo a mi destino, y por ende, el camino lo recorro más pausadamente. No me esfuerzo en un ritmo alto para llegar a tiempo a los semáforos verdes. La pedalada no me da y no cuento con un buen freno delantero para un frenazo fuerte. Necesitas anticipar los movimientos de vehículos y peatones que se encuentran en tu recorrido con más antelación. Te hace ir con más tranquilidad, más despacio. Te puedes fijar más en tu entorno. La vida pasa más despacio a tu lado.


El coche no es el primero

En Zaragoza (Aragón), se pretende cambiar una máxima de años. El coche consciente e inconscientemente ocupa la cima de la pirámide de la movilidad.

Se está instalando la primera línea del nuevo tranvía –en su tiempo, hubo y se eliminó–. Se ha apostado fuerte por la preferencia peatonal, por los desplazamientos en bicicleta y por el transporte público colectivo.

Pero hay algo muy arraigado en el acerbo social: la PREFERENCIA DEL COCHE frente al resto. Somos permisivos con el que va más rápido de lo establecido; toleramos que se apure al cruzar los semáforos que acaban de ponerse en rojo; paramos ante un paso de peatones si un vehículo se aproxima a él, cuando aún tiene tiempo para detenerse y ceder el paso; ocupamos el espacio público para el uso privado de estacionar un coche –los aparcamientos de barrio son un espejismo que casi nadie recuerda–.

Hace unos días ha llegado un chico nuevo a las calles, el tranvía. Y con él no hay estatus que valga. Una persona que no respeta la señalización en la ruta del tranvía, corre un alto riesgo de provocar un accidente.

Hasta ahora, a los demás les daba tiempo de frenar para evitar el golpe en muchas ocasiones; los peatones no se la jugaban en un paso de cebra ante un motor rugiendo cerca; las bicicletas, decían, las llevaban cuatro greñas come flores –hoy son de uso generalizado–.

No son buenos tiempos para muchos. Y la dependencia del automóvil es algo que se me hace difícil de solucionar. A mi entender, depende de un cambio de modelo social y económico que se me escapa y pocos le meten mano.


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